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sábado, 23 de abril de 2011

Bosco: La historia de mi secuestro

 

Éste video es buenísimo, y me quedo con ésta frase: “En cierto modo. La sociedad nos mueve a interiorizar poco, vivimos muy en la superficie, no tenemos espacio para reflexionar y por tanto poco crecimiento personal, de manera que tus relaciones con los demás son atropelladas, y tus actitudes, no ponderadas”

 

Bosco: La historia de mi secuestro

Reflexiones después de un secuestro. Bosco Gutiérrez Cortina, México, 13 de mayo de 1991.- www.iglesia.org

Todo comenzó hace nueve meses hoy todo parece ya como un sueño, un suspiro profundo lleno de riqueza en experiencia, un cambio de vista en el modo de apreciar mi vida, un propósito firme que me impulsa a ser mejor. Estoy más convencido que nunca que en esta vida no existen las coincidencias, todo es providencia y nada de lo que nos sucede física o espiritualmente carece de importancia. Nuestra vida es la suma de estos acontecimientos, que por una razón siempre justificada y con una visión plena y perfecta, Dios nuestro Señor permite dentro de su santa voluntad buscando siempre como un padre bueno, el Padre bueno por excelencia, el bien de sus hijos.

Durante todo este tiempo en esto consistía mi lucha: eliminar cualquier obstáculo que pudiera alejarme de Dios, para poder descubrir -con más claridad- su voluntad tan aparentemente absurda en los acontecimientos que sucedieron, pero que hoy, pasada la tormenta veo con claridad. «Dios sabe más », nosotros somos muy limitados para entender lo que sucede y él por qué de las cosas. Debemos por eso adquirir objetividad y saber que somos limitados y que no siempre lo que queremos es lo que más conviene, por eso hay situaciones en que Dios nos pide un ejercicio de abandono de nuestros propios juicios, para que eliminemos obstáculos egoístas, para hacernos más humildes, para que Él sea el que reine en nosotros. En esto se resume la vida de los hombres, yo por eso concentraba mi lucha personal, para que me permitiera ver más allá de la mano de los secuestradores su santa voluntad. Pido ahora que esto, a todos, nos ayude a ser mejores, a no olvidarnos jamás de que la única razón de nuestra vida es regresar finalmente a Dios, un regreso que se experimente cada día en nuestra vida; en la medida que sustituimos nuestra voluntad con la suya, en la medida en que amamos más, con más sacrificios, en la medida que seamos más libres rompiendo las ataduras que nos atan a nosotros mismos. Pero este programa de vida exige lucha, exige esfuerzo, no podemos ceder a la ola material que nos envuelve, después de todo somos cristianos y nuestro modelo Jesús se crucificó por nosotros. Es nuestra vida el camino áspero y difícil que nos prometió el Señor.¿Podemos quejarnos ante las dificultades cuando quizás sea la medicina para nuestros verdaderos males?

Tenemos pocos elementos y debemos confiar siempre, no te olvides nunca de esto que hemos olvidado tanto y que tan poco lo vivimos: «Dios sabe más ». Ten confianza pero no dejes de luchar con fe, optimismo y perseverancia que El no dejará de responder con hechos concretos y siempre -como en este caso- con soluciones concretas. Te repito, estamos garantizados si nos ponemos en sus manos, es hora de responder, es hora de darnos cuenta de la realidad, pues no sólo de ello depende nuestra felicidad aquí, sino también nuestra vida eterna. Pido a Dios nuestro Señor que nos bendiga a todos, para que demos cuenta de su voluntad en nosotros y respondamos a tiempo y con decisión a su llamado. Y me abandono, una vez más, en el manto de la Virgen de Guadalupe – nuestra patrona y madre- pidiéndole que nos lleve por un buen camino al cielo donde poseeremos finalmente a Dios fuente de toda felicidad.

Entrevista a Bosco Gutiérrez en la Vanguardia

Nueve meses en un zulo de un metro por tres. “A mayor rechazo, mayor angustia”

La mañana del 29 de agosto de 1990, Bosco Gutiérrez besó a su mujer y a sus siete hijos, minutos después fue secuestrado. Vivió nueve meses en un zulo de un metro por tres, desnudo la mitad del tiempo. “Yo entiendo mi secuestro como si Dios me hubiera dicho: no te puedo volver a meter en el vientre de tu madre, pero te voy a meter nueve meses en un cuartito para que con tu inteligencia y tu memoria decidas cómo vas a vivir tu segunda oportunidad. Entendí con todo mi ser que mi tesoro es mi gente y no mi trabajo o mi cuenta bancaria. En el zulo lo hubiera dado todo por abrazar un minuto a uno de mis hijos. Desde entonces valoro a la gente por sus cosas positivas y no por sus errores”. A los secuestradores no los cogieron, pero Bosco no ha tenido pesadillas. “Aprendí, fue muy positivo, no lo rechazo”

Tengo 48 años. Nací y vivo en México DF. Estoy casado, tengo nueve hijos y vengo de una familia de 14 hermanos. Estoy licenciado en Arquitectura. Mi postura filosófica y política se basa en lo que yo hago: una arquitectura en función del ser humano. Soy católico. He dado una conferencia en la UIC sobre la historia de mi secuestro

- ¿Cómo se sentía?

- Me tuvieron desnudo cuatro meses. Los secuestradores iban con capucha y jamás oí sus voces, se comunicaban por escrito. Después de tenerme tres días a oscuras me pasaron un interrogatorio: “Hasta que conteste no comenzarán las negociaciones”.

- Contestó, claro…

- Les conté detalles de la vida cotidiana de mi familia y me sentí un traidor, me abandoné y me dejé morir. Trece días tirado en el suelo, haciéndome las necesidades encima.

- ¿Salió de ese estado?

- Uno de los guardianes me mostró un papel: “¡Viva México! (era el día de la independencia), puede tomar lo que quiera”.

- ¿Qué pidió?

- Un gran vaso de Chivas. Me lo trajo, yo me arrastré para cogerlo porque estaba totalmente entumecido y me fui al rincón como un animal con su presa. “Esto sí lo voy a gozar”, me dije. Entonces, el otro Bosco que hay dentro de mí comenzó a hablarme: “¡A ver si eres tan hombrecito!, ofrece el whisky”.

- ¿Y?

- “Yo ofrezco estar secuestrado”, dije. “Eso no depende de ti”, contestó mi voz interior, y tiré el whisky por el váter. Me quedé pensando que había hecho una estupidez y me dormí. Cuando desperté, cogí el papel sobrante del interrogatorio y escribí: “Hoy gané mi primera batalla, no todo lo deciden ellos”. Así empecé a recuperar la autoestima.

- ¿Cómo consiguió que creciera?

- Pensé que no sería muy diferente lo que yo le diría a uno de mis hermanos si estuviera en mi lugar y decidí escribir una carta como si el secuestrado fuera otro. Me puse en pie por primera vez en 19 días y recé.

- ¿Olvidó la carta?

- Sí, pero cuando acabé el rosario la vi dobladita junto a la puerta y me puse a llorar como un idiota: “¡Recibí una carta de mis hermanos, qué maravilla!”, grité. El Bosco realista me decía: “Ya te volviste loco”.

- ¿Qué ponía en la carta?

- “Éste no es un problema personal, es un problema familiar, y lo vamos a resolver en equipo, pero tú eres el que tiene el trabajo más importante: cuidar de ti mismo”.

- ¿Abandonó el papel de víctima?

- Sí, entendí que mi trabajo era entregar mi cuerpecito perfecto al equipo. Así estructuré mi vida, que dividí en tres columnas: salud mental, salud física y aprovecha el tiempo incluso en esas circunstancias.

- ¿Cómo aprovechar el tiempo en un zulo?

- Lo primero era no volverme loco. Entendí que cuanto mayor fuera el rechazo más crecería la angustia, y decidí aceptar mi circunstancia, limpiar mi cuartito y controlar la imaginación. El tiempo lo medía a través de una cinta de música que ellos ponían para que no los oyera, todo el rato la misma.

- Eso es muy mortificador…

- Yo lo convertí en un instrumento. Vivía días de 32 casetes y acabé ajustando la fecha, esas conquistas mejoran tu autoestima. También pedí una dieta muy sencilla que le recomiendo.

- ¿. ..?

- Fruta tres veces al día, cereales por la mañana, proteína al mediodía y yogur por la noche. Corría una hora y media al día (tres casetes) y hacía un casete de abdominales. Pero estoy convencido de que el músculo más importante es la voluntad.

- ¿En qué pensaba?

- En mi madre, que había muerto tres años antes. Recuperé un recuerdo de niño, un sueño. Estaba en el infierno, y un tipo me gritaba: “Estas aquí por no haber ayudado a nadie, fuiste egoísta, y yo estoy aquí porque nadie me echó una mano. Si me hubieras ayudado, los dos estaríamos en el cielo”. Mi madre, que era muy inteligente, me dijo: “Te acabas de dar cuenta de tu responsabilidad como cristiano, hay que ayudar a los demás”.

- ¿Temía encontrar en el infierno a uno de los secuestradores?

- Pues sí, y que me dijera: “Te pudres en tu perfección, porque nunca pensaste que nosotros somos tan dignos y valiosos para Dios como cualquiera”.

- ¿Y empezó a hacer apostolado?

- Recé por ellos y cuando llegó Navidad les pasé un papelito: “Señores guardianes, hoy es Navidad y no hay ni secuestradores ni secuestrado, todos somos hijos de Dios y a las ocho de la noche vamos a rezar”. A esa hora abrieron la ventanuca de la puerta y vi a cinco encapuchados blancos en un fondo negro.

- ¿Qué les dijo?

- Les hablé de la humildad y les leí el evangelio. Al terminar, uno por uno me dieron la mano y experimenté la felicidad más grande. Salir de mí mismo y pensar en los otros hizo que me sintiera valiente y útil. “Arquitecto Bosco – me escribió uno de los secuestradores-, díganos de dónde saca usted la fuerza”.

- ¿De dónde?

- Había perdido el miedo, sabía que mi vida no estaba en sus manos, sino en las de Dios. Los cinco meses restantes fueron de gran profundidad espiritual.

- ¿Tiene nostalgia de esos nueve meses?

- En cierto modo. La sociedad nos mueve a interiorizar poco, vivimos muy en la superficie, no tenemos espacio para reflexionar y por tanto poco crecimiento personal, de manera que tus relaciones con los demás son atropelladas, y tus actitudes, no ponderadas.

- ¿Cómo salió de allí?

- Temía que me abandonaran dejándome morir. Durante meses estuve fabricando una ganzúa con un muelle del catre. La idea era usarla si me abandonaban, pero quise probarla, abrí y no pude volver a cerrar. Me veía muerto. Avancé, pasé junto a un guardián que dormía y salté por una ventana.

IMA SANCHÍS. LA VANGUARDIA – 21/11/2005

 

Un secuestro de nueve meses vivido en la fe. (Fuente: La Razón 02.11.05)

El prestigioso arquitecto mexicano Bosco Gutiérrez permaneció encerrado en un zulo de tres metros

La historia de Bosco Gutiérrez Cortina, un conocido arquitecto mexicano, es dura. Muy dura. Fue secuestrado en 1991 a la salida de misa y permaneció retenido durante nueve meses en un pequeño cuarto. Gracias a su fe en Dios lo pudo sobrellevar y no perder la cordura. «Una mañana al salir de misa, me dirigí al coche. De pronto, un brazo me agarró fuerte y me dieron un golpe con un arma para dejarme inconsciente», relata. Lo siguiente que recuerda es que se despertó cuando le cambiaron de coche para llevarle al zulo: «Tenía la esperanza de salir a los dos o tres días, nunca pensé que se prolongaría tanto», reconoce Bosco, que ha pasado unos días en España contando su experiencia en diversas conferencias. «Los terroristas iban siempre encapuchados de blanco y llevaban guantes».

Por escrito. «En el techo de la habitación había una cámara que registraba mis movimientos y un altavoz en el que me ponían continuamente música para bloquear mi sentido del oído. Estuve escuchando el mismo casete durante cuatro meses seguidos», narra Bosco. Los secuestradores desnudaron al arquitecto y le dejaron sin ropa. «Nunca escuché sus voces, siempre nos comunicábamos por escrito. Incluso me interrogaron mediante un cuestionario en el que tuve que dar datos sobre mi familia. Si me negaba, les harían daño», apunta sobrecogido.

Familia Gutiérrez
Bosco Gutiérrez, junto a sus nueve hijos, vive felizmente después del secuestro

El día y la noche eran confusos porque «encendían y apagaban la luz cuando querían y me daban muy mal de comer» señala. Poco a poco, Bosco reconoce que empezó a «volverse loco». «Ofrecí todos los días mi sufrimiento a Dios y, cuando pensaba, me daba cuenta de que Cristo había sufrido mucho más que yo y que había dado su vida por mí al ser crucificado». Una de las armas que el mexicano utilizó para aumentar su valor fue la oración: «Gracias a ella cogí fuerzas y pude rezar por los captores. Desde aquel momento, sentí la necesidad de cuidarme más y de intentar sobrevivir a aquella situación».

La incertidumbre que el afamado arquitecto, padre por entonces de siete hijos, albergaba sobre su futuro se calmó gracias a que los terroristas –alguno de ellos ex etarras– tuvieron la «consideración» de permitirle tener un libro. Bosco pidió que le dieran la Biblia, lo que con el tiempo le llevó a preguntarse sinceramente: «¿Creo realmente en el Señor?». «Fue en ese momento cuando me di cuenta de que tenía que dejar de vivir de la fe de los demás y asumir la mía». Con un «¡Sí creo!» vio que Dios quería «lo mejor» para él y que debía «aceptar su voluntad».

El fin de la pesadilla. Tras nueve meses de cautiverio, se acordó el pago del rescate de Bosco. Se desarrollaría en Brasil y se encargarían de realizarlo sus hermanos, pero «por problemas, no se pudo efectuar». «Yo había construido un instrumento para abrir la ventana y algún día utilizarlo para escapar». Ese momento finalmente llegó: una mañana, «el secuestrador que tenía que vigilarme se retrasó y aproveché el descuido para escapar encomendándome en todo momento a Dios». La huída no fue tarea fácil, debido a su falta de fuerzas y al impacto que le causó la luz natural. Tuvo que sortear diversos peligros hasta abrir la puerta exterior del chalé donde se encontraba, en la ciudad de Puebla, y coger un taxi. El aspecto desaliñado que ostentaba provocaba desconfianza en la gente, pero logró llegar hasta su casa de México D. F. y despertar de la pesadilla cuando, al descender del automóvil, vio a su mujer y a sus siete hijos bajando de una furgoneta. «Llegué a ellos corriendo y les abracé mientras gritaba: “¡Me he escapado!”». La vida para Bosco cobró un nuevo sentido a partir de ese momento.

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CONFERENCIA TESTIMONIAL: Bosco Gutiérrez Cortina – “Estuve secuestrado 9 meses, ¿Vale la pena volver a empezar?”

El Arq. Gutiérrez narró a detalle la experiencia que marcó su vida en mayo de 1991 de una manera drástica sin embargo, él aprovecha la oportunidad de estar en la Anáhuac para compartir la renovación que vivió de manera personal y espiritual al encontrar más que nunca la presencia de Dios en su vida.

“En el secuestro llegué a una situación infrahumana; duré los primeros 15 días ‘tirado’ en el suelo, sin ganas y sin autoestima. Yo no había rezado ordenadamente, hasta que llegó el momento en el cual recé mi primer Rosario. En la vida hay que tener concentración de esfuerzo:

Salud mental – libérate de la angustia.
Salud física – ejercicio y alimentación.
Haz algo – aprovecha el tiempo que es oro.

Reafirmen su fe para creer o no creer, porque en momentos críticos la vida te compromete. Si crees en Dios, debes ser coherente, pero sino crees, dependerá entonces de tus propias fuerzas. Yo divido mi secuestro en dos partes: ‘apostólica’ y ‘escápate’. La primera me hizo pensar que los secuestradores -como sea- son almas equivocadas, pero también valen como personas, entonces les propuse rezar con ellos en Navidad y aceptaron. Ese día, estreché sus manos sin verlos ni escucharlos porque nunca hablaban. Pienso que la felicidad es cuando dejamos que Dios reine en nosotros. La actividad más productiva es la oración ¿Cuántas horas le dedicas a tu propio ser?. En la segunda división (escápate) después de 9 meses encerrado logré escapar… no fue fácil, pero se dio la oportunidad después de estudiar el plan. Cuando volví al ver a mi familia escribí lo siguiente:

Todo es providencia, nada es coincidencia. Todo es para bien y ante sus manos sólo hay ganadores y no perdedores. Dios sabe más y nosotros somos muy limitados. Dios nos pide un abandono de nuestros propios juicios. En esta lucha resumo todo mi secreto y quiero quitar cualquier mérito propio. Estoy convencido de que con ÉL podemos todo y que sin ÉL la más mínima cosa. Cuando no podemos más, nos carga en sus hombros para darnos la libertad. No te olvides de esto. Dios sabe más. Lucha con fe y perseverancia, es hora de responder porque de eso depende nuestra felicidad aquí y en la vida eterna…”

miércoles, 3 de noviembre de 2010

“Si me vieras”

 

Fuera del Resto - Desvaneciendo by brand.ventura 

¡Si me vieras desde donde yo estoy!

entenderías mi sufrimiento

y el porque de mi silencio

 

¡Si la tocaras desde donde yo estoy!

entenderías porque ni la rozo

ni me roza

 

¡Si la escucharas desde donde yo estoy!

entenderías el silencio que escucho

el ruido que no esta

 

¡Si la desearas desde donde yo estoy!

entenderías el porque de mi impotencia

y el dolor que manifiesto

 

Hoy mi tiempo termino y no la veo ni la toco,

no la escucho y no más la deseo

el silencio me delató y finalmente luego de tanto

batallar la impotencia triunfó.

 

Poema de Lina Flores A. tomado de Voz Orquídea.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

“Si llego a amanecer aquel diciembre”

  Cementerio Aclubstico - In between days by brand.ventura

tumba

“Si llego amanecer aquel diciembre,

no permitas que me encierre en mi,

hazme presa de tus manos,

hazme presa de tu boca.

 

Si por causa sin sentido,

me integro en soledad,

deja que me encierre aquí contigo,

deja que te lleve sin pensar.

 

Si te olvido y me alejo,

no me odies por favor,

di solamente:”Lo deje porque me amaba“,

“Lo deje sin compasión”.

 

Si yo me muero aquel enero,

y tu me lloras al pensar,

di que lloras porque tienes miedo,

de que te pueda venir a asustar.

 

Poema de Lina Flores A. tomado de Voz Orquídea

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domingo, 26 de septiembre de 2010

Amores a prueba, amores probados

 

El pasado 26 de abril, invité de nuevo al Dr. Joan Costa para que impartiese una sesión magistral a las Alumnae, antiguas alumnas del IESE. Muchas personas me han pedido que les facilitase la grabación que hicimos y por eso hoy la comparto con vosotros.

¿Qué pasa ante tantos fracasos matrimoniales? ¿Cuáles son sus causas? Una de las causas más importantes es que no sabemos querer. El amor esponsal, para fructificar, no admite probaturas. En la lógica del amor no hay término medio, o se entrega uno mismo o usa del otro, o se ama de verdad o es totalmente mentira.

En esta sesión “Amores a prueba, amores probados” se explican las condiciones para vivir un amor a prueba de fracasos. Creo que es muy recomendable ver este vídeo antes de vacaciones. ¡Ya me diréis!

 

Tomado del articulo “Amores a prueba, amores probados” del Blog de Nuria Chinchilla

domingo, 5 de septiembre de 2010

Convivencia

 

Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.

Los puercoespines dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto, decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.

Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.

De esa forma pudieron sobrevivir.

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Moraleja de la historia:

La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y a admirar sus cualidades

Tomado del post “Convivencia en vacaciones” del Blog de Nuria Chinchilla

domingo, 22 de agosto de 2010

Severn Cullis-Suzuki

 

“El 3 de junio de 1992 una niña de 12 años llamada Severn Suzuki quien anteriormente a sus 10 años de edad fundó ECO (Environmental Childrens Organization) con SUS amigos en la ciudad de Vancouver Canada, Se desplazó a la Conferencia de Medioambiente y Desarrollo “The Earth Summit” celebrada por la ONU en Río de Janeiro. Una vez allí hizo este discurso de 6:32 minutos.”

Severn Cullis-Suzuki  En 1992, a la edad de 13 años, Suzuki-Cullis recaudó dinero con los miembros de la ECO para asistir a la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo "The Earth Summit", celebrada por la ONU en Río de Janeiro. Junto con los miembros del grupo (Michelle Quigg, Vanessa Suttie y Morgan Geisler), Cullis-Suzuki presentó en dicha conferencia, ante los representantes de la ONU, un discurso conteniendo cuestiones ambientales desde la perspectiva de los jóvenes, donde luego de su lectura por ella misma fue aplaudida:

Aquí el discurso:

Hola, soy Severn Suzuki y represento a ECO (Environmental Children's Organization). Somos un grupo de niños de 12 y 13 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo. Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a cinco mil millas, para decirles a ustedes, adultos, que deben cambiar su forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo segundas intenciones. Lucho por mi futuro.

Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.

Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar en Vancouver, mi hogar, con mi padre, hasta que hace unos años encontramos un pez con cáncer. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, y desaparecen para siempre.

Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletos de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.

¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?

Todo esto ocurre ante nuestros ojos, y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy sólo una niña y no tengo soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.

No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo devolver los salmones a aguas no contaminadas. No saben cómo resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.

Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de estropearlo.

Aquí, ustedes son seguramente delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad son madres y padres, hermanas y hermanos, tías y tíos, y todos ustedes son hijos.

Aún soy sólo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco mil millones de miembros, treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.

Aún soy sólo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto, y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.

Aunque estoy enfadada, no estoy ciega, y, aunque tengo miedo, no me asusta decirle al mundo cómo me siento.

En mi país derrochamos tanto… Compramos y desechamos, compramos y desechamos, y aún así, los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder nuestras riquezas si las compartimos.

En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.

Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de ellos nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropa, medicinas, un hogar, amor y afecto”.

Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué nosotros, que lo tenemos todo, somos tan codiciosos?

No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda. Yo podría ser uno de esos niños que viven en las favelas de Río; podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; un niño víctima de la guerra en Oriente Medio, o un mendigo en la India.

Aún soy sólo una niña, y sé que si todo el dinero que se gasta en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, la Tierra sería un lugar maravilloso.

En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y a no ser codiciosos.

Entonces, ¿por qué fuera de casa se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias: lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.

Pero no creo que puedan decirnos eso nunca más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.

Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Los desafío: por favor, hagan que sus acciones reflejen sus palabras.

Gracias.

 

Severn Cullis-Suzuki (30 de noviembre de 1979, Vancouver, Canadá): bióloga, ecóloga y activista ambiental. nació y se crió en Vancouver, Canadá. A los ocho años (mientras asistía a la escuela primaria) fundó la Organización Infantil del Medio Ambiente (Environmental Children's Organization - ECO), un grupo de niños dedicados a enseñar a otros jóvenes diversos temas sobre medio ambiente.

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Sus padres fueron David Suzuki, un conocido científico genetista y también activista por el medio ambiente, y la escritora Tara Elizabeth Cullis. Severn ha hablado en todo el mundo sobre problemas de medio ambiente, instando a definir valores y a actuar respetando el futuro, y afianzando la responsabilidad individual.

Fuentes: http://es.wikipedia.org/wiki/Severn_Cullis-Suzuki, http://queremospaz.wordpress.com/2010/05/24/severn-suzuki-la-nina-que-silencio-al-mundo-por-5-minutos/

martes, 27 de julio de 2010

Coloquio con Carlos Llano Cifuentes

*Carlos Llano Cifuentes es Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra, Presidente Fundador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE, Ciudad de México) y profesor del área de Factor Humano. Profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana. Fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Autor de más de 20 títulos filosóficos sobre antropología y empresa.

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1. Dr. Llano, en su opinión ¿cuáles deben ser las nuevas habilidades sociales y laborales de un Líder?

Me parece que al hablar de las habilidades, destrezas o capacidades de un líder no deberíamos calificarlas como “nuevas”. Si bien las circunstancias de la empresa han evolucionado mucho, los requerimientos del emprendedor siguen siendo venturosamente los mismos de hace varios cientos de años. Vemos una sorprendente coincidencia en lo que hoy leemos de Peter Drucker, pontifex maximus del management en nuestro tiempo, y lo que encontramos en la Económica de Jenofonte, así como en su Retirada de los diez mil, de hace más de dos milenios.

Las cualidades del manager no dependen tanto de las circunstancias laborales del mundo actual cuanto del modo de ser de la persona que debe arrastrar o empujar a sus colegas, para lo cual se requieren esas capacidades por las que usted me pregunta.

Para contestar brevemente, diría que de entre las muchas cualidades que requiere el jefe de una organización, deberíamos resaltar las siguientes: a) para el diagnóstico de la situación, la objetividad de las circunstancias externas y de las circunstancias personales; b) para la fijación de los objetivos, la magnanimidad (hoy llamada afán de logro) y la audacia (hoy llamada capacidad de riesgo); c) y, finalmente, para el mando de sí mismo y de los demás, la fortaleza, la constancia y la diuturnidad. En la fortaleza debe destacarse, para el empresario latinoamericano, la claridad en las advertencias a los componentes de su equipo.

2. ¿Cuál debe ser el proceso para que una empresa desarrolle una sólida conducta moral?

Para centrarme en lo realmente decisivo, el proceso es el siguiente: a) la ejemplaridad: nadie puede pretender que los demás adquieran cualidades que él no lucha por adquirir; b) la enseñanza: hacer ver a los componentes de la organización cuáles son los valores más altos de la persona humana, entre los cuales se encuentra el respeto a la dignidad de los otros; y c) finalmente, no obstaculizar, proponiendo metas que pueden ser más atractivas individualistamente y a corto plazo, pero que nos aparten de los auténticos valores humanos.

3. ¿Es posible que desarrolle humildad un Líder empresarial que tiene años con un comportamiento tirano?

Sí es posible. Los antropólogos clásicos -en los que confío- a diferencia de los actuales -en los que no confío tanto-, afirman enfáticamente que la voluntad del hombre es lo suficientemente poderosa como para poder transformar rasgos básicos de su personalidad, por muy distintos que sean de aquellos a los que está endémicamente acostumbrado. Es necesario, eso sí, encarnar la conciencia del alto rango que tienen las cualidades más preciadas para él, entre las cuales se encuentra la humildad, sin duda alguna.

4. En su opinión ¿las empresas deben instruir primero en hábitos y virtudes a los nuevos empleados?

Estaría totalmente de acuerdo con usted si elimináramos el adjetivo primero. Los hábitos y las virtudes intelectuales se aprehenden de manera fundamental, aunque no única, en la familia. Las empresas deben detectar esos hábitos y virtudes, que la empresa requiere para su ideario y su misión, entre las condiciones de las personas que debe contratar, o detectar al menos la semilla de su posible crecimiento. Después, en la dinámica del trabajo, debe hacer florecer esa semilla on the job, en la dinámica de la labor misma, para lo cual se requiere mantener, reiteradamente, un clima laboral semejante al ambiente familiar que se produce en las buenas familias.

5. ¿Cómo hacer para que los empleados antiguos desarrollen una alta moralidad ética?

Habría mucho que hablar sobre eso, y debo necesariamente restringirme a lo esencial: debemos premiar a los empleados antiguos que logren desarrollar en sus subordinados más jóvenes aquellas cualidades que constituyen lo que usted llama con razón “alta moralidad ética”.

Cuando los empleados más antiguos se percaten de los beneficios que en todos los órdenes, especialmente en el orden personal, se logran con esa moralidad, se sentirán no ya estimulados sino constreñidos a incorporar dentro de sí los principales aspectos de esa moralidad mencionada, viéndola vivir en sus colaboradores más jóvenes.

6. ¿Cree usted que en el sector público se pueda desarrollar la humildad en el Líder?

Por lo que le dije a usted en una de mis respuestas anteriores, mi contestación tendría que ser aquí también afirmativa, pero ahora con muchas salvedades. En el sector público de muchos países -también en el nuestro- el engreimiento, la popularidad, el prestigio de las ocho columnas, el noticiario estelar, constituyen no ya un deseo sino prácticamente el primer objetivo de su trabajo.

¿Cómo cambiar esto? Hacer ver a nuestros gobernantes que el ser famoso no por resultados verdaderos, sino por flashes de los medios de comunicación colectiva, produce en el público un efecto contra-producente, como a todos nos consta. En lugar de un político eficaz acaba apareciendo como un político petulante. Igualmente, habrá que hacerles ver a los integrantes del sector público que lo importante no es ser famoso, sino tener buena fama. Muchos de ellos, paradójicamente, se hacen famosos por no tenerla.

7. Actualmente nuestras instituciones educativas quieren formar jóvenes emprendedores. ¿Qué materias considera usted se deben añadir para fortalecer la enseñanza humanística?

Para conseguir jóvenes emprendedores no debemos pensar sólo en materias teóricas, sino en hábitos prácticos que se consiguen de manera especial por medio del trabajo en equipo. Al contrario de lo que piensan muchas escuelas, el generar en el espacio escolar un ambiente competitivo, como si estuviéramos en Juegos Olímpicos, produce personalidades individualistas, manera blanda de decir que se encuentran inyectadas de egoísmo.

En este sentido, la enseñanza humanística resulta fundamental: no se trata de conocimientos teóricos de humanidades, sino de adquirir a golpe de vivencia práctica un carácter que esté a la altura al menos de sus conocimientos teóricos.

8. ¿Cómo se puede alentar la competitividad entre los empleados para cumplir metas de la empresa?

La pregunta que usted me hace parece una continuación de mi anterior respuesta. No veo mal alentar la competitividad entre los empleados (y los estudiantes), pero veo mejor no ya alentar sino empujar, hasta físicamente, la necesidad de la colaboración por encima de la competencia. Éste es el dato nuevo que se presenta a nuestras empresas. Parecería que la colaboración (trabajar estrechamente unidos para el logro de un objetivo común) atrofia las ambiciones personales; pero no es así: lo que hace es amplificar la altura de las metas del grupo, que ante las mismas circunstancias siempre serán más alcanzables que las estrechas ambiciones personales.

9. En su opinión ¿el líder siempre debe presionar a los empleados para cumplir metas de la empresa?

Me encuentro de acuerdo con usted, incluyendo el adverbio “siempre”. Sin embargo, cambiaría el infinitivo “presionar” por acciones que a mí -y tal vez también a usted- me parecen más apropiadas para el trabajo de una organización: motivar, alentar, ir por delante, estimular, premiar (y castigar), y reconocer a cada uno los aciertos de su trabajo.

10. ¿Qué importancia tiene la filosofía dentro del mundo empresarial actual?

Por fortuna, la pregunta que usted hace ya me fue formulada hace tiempo y considero que debo contestar de la misma manera. La filosofía incita, en la persona que trabaja en la empresa, su tendencia al saber, su afán del saber radical, su necesidad de saber sintético y su requerimiento de saber plenario. Aunque a simple vista estas características nos digan poco de manera directa al lado de otras afirmaciones sobre el management, un análisis detallado de ellas, nos haría ver que resultan imprescindibles en el mundo diverso, cambiante, pluralista y globalizado en el que actualmente nos encontramos.

Martín García Arvizu

Alumno de la Escuela Superior de Filosofía

Acá pueden encontrar unos videos:

Fuente: http://www.filosofia.mx/index.php?/perse/archivos/coloquio02/

 

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martes, 8 de junio de 2010

Motivos y Visión del Mundo

 

Tomado de: Blog de Nuria Chinchilla – 8/junio/2010

Cabeza y corazón no sólo están interconectados, sino que son absolutamente sistémicos. Por eso nuestra gran aventura en la vida consiste en ir construyendo un corazón inteligente, que nos haga libres y realistas.

Los que me habéis tenido como profesora o me habéis escuchado alguna vez en alguna conferencia sabéis que uso prolíficamente el símil de las gafas con las que vemos el mundo para explicar cómo los motivos que nos mueven a vivir y a actuar (extrínsecos, intrínsecos o trascendentes) son los que las colorean y ponen o sacan dioptrías a nuestras lentes mentales.

Tras cada decisión somos más o menos capaces de ver y entender la realidad, y por eso más o menos capaces de liderar nuestra propia vida y las de otros. Y eso depende de que tengamos entre nuestros motivos predominantes a la hora de decidir los motivos trascendentes, es decir, la voluntad de servir, o sea, de ser útiles a los demás y satisfacer sus necesidades.

He aquí un vídeo muy ilustrativo: ¿somos de los que vemos alrededor nuestro a personas completas con sus necesidades y preocupaciones? ¿o somos de los que sólo ven bultos a su alrededor, que son obstáculos para nuestros fines?

Aprovecho para dejarles una buena canción:

 

domingo, 30 de mayo de 2010

¡¡Vive!!

 

 

"Ya perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.

Ya traté de amar y aún amo.

Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
mas también yo decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.

Ya amé de nuevo y fui quizás amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y quizás no supe amar.
Ya grité y salté de felicidad.

Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.

Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y...


Tuve miedo de perder a alguien especial
y termine perdiéndolo

¡¡Pero sobreviví!!
¡¡Y todavía vivo!!

No paso por la vida.
Y tú tampoco deberías sólo pasar...

¡¡¡VIVE!!!

Bueno es ir a la lucha con determinación
abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía,
por que el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho más para ser insignificante."

Charles Chaplin (1889 – 1977)

 Gris Volta - You go behind the truth by Estudio REC

 

lunes, 24 de mayo de 2010

El silencio

 

Callar, ¡qué hermosa expresión! A menudo nos arrepentimos de haber dicho una palabra de más o haber mediado una discusión con gritos. Cuántas cosas bellas nos regala el silencio y qué poco le permitimos la entrada en nuestras vidas.


El ruido de la sociedad actual nos impide meditar acerca de las cosas importantes de la vida. Debemos buscar momentos de recogimiento para disfrutar de la estancia en este mundo temporal. Nos admira el sabio capaz de perderse en su reflexión, mientras busca en las vivencias pasadas una conexión con algo que le ha venido a la mente.


El silencio es algo magnífico: somos capaces de expresar tantas cosas con él y, a la vez, disfrutar verdaderamente del mundo. Una simple mirada, un silencio entre dos enamorados que se llenan plenamente con la contemplación del otro. Maravillarse en una noche estrellada o con unos nubarrones que anuncian tormenta. Un momento de reflexión sin prisas, de tranquilidad; el reposo tras una agotadora jornada. No tener urgencia en opinar y darse unos segundos para saborear los términos que se van a pronunciar.

El silencio nos permite contemplar el mundo. Un atardecer de verano sentado en la orilla del mar, un oleaje de septiembre embravecido, una tempestad en el océano mientras navego con mi velero, un bosque en otoño con el curioso crujir de las hojas secas y húmedas a la vez, el aleteo de una bandada de pájaros que emigran hacia tierras calurosas, mis botas salpicando el agua de los charcos en una tarde de otoño, el viento que ruge en la madrugada invernal, la nieve cayendo en los tejados vecinos mientras me levanto de la cama, el crepitar del fuego en el hogar… Sólo él permite hablar a la naturaleza y que nos introduzcamos más en ella.


El silencio nos invita a prestar atención a las cosas cotidianas: concentrar todos los sentidos en uno solo. Saborear un simple plato de cocina, despertar nuestro tacto al acariciar a un bebé, oler el perfume de nuestra madre en un jersey ya usado, leer una novela creyéndonos el protagonista, o dejar que las palabras fluyan de nuestra pluma cuando escribimos al ser amado. No hacemos más que emplear el lenguaje del alma para penetrar más en la realidad, pero para ello debemos impedir al lenguaje oral su protagonismo.

A pesar de que podamos aprender mucho de una conversación, también debemos sentir la necesidad de guardar silencio en algunos momentos, dejando así que él sea quien pronuncie las palabras que nosotros somos incapaces de producir. El silencio nos desvela secretos que muchos han estado buscando con ansias, sin saber que las discusiones no hacían más que encerrarles en algo muy alejado de lo que verdaderamente pretendían hallar. La contemplación nos acerca a la verdad y permite uno de los mayores placeres de la existencia humana.


Escuchar pacientemente a un amigo y saber escuchar a Dios. Entregarse de lleno a la mirada divina y dejar que Él escriba con fuego en nuestro corazón. Contemplarle en silencio en su Creación o delante de su propio ser. El silencio premia nuestra paciencia y serenidad permitiendo que la divinidad se exprese a través de su creación.


El filósofo se despierta en todos estos momentos de quietud y de paz, en que su única tarea es maravillarse de la compleja y -aunque cada vez parezca nueva- tan habitual realidad. No hace nada, aparentemente, y es entonces cuando contempla plenamente la verdad.

Como diría Wittgenstein, “de lo que no se puede hablar hay que callar”, porque ¿para qué hablar de cosas tan abstractas con el fin de entenderlas, cuando el silencio es el único capaz de aportarnos las soluciones? Debemos tomar su teoría desde una nueva orientación: no como una ofensa a la sana curiosidad de conocer la verdad, sino como una invitación a descubrirla por los caminos que le corresponden. ¿Para qué complicarnos con un lenguaje limitado -por el hecho de ser humano- cuando lo que pretendemos explicar escapa a este mundo finito? En ocasiones hay que dejar hablar al lenguaje del silencio, de la contemplación, que es capaz de responder nuestras mayores dudas. No nos hará falta plantearnos si existe la verdad, cuando se nos hace tan evidente la belleza que esconde el universo.

Mª NURIA FERRER-CHINCHILLA

Fuente: http://toptenms.blogspot.com/2009/12/la-necesidad-del-silencio-nuria.html

miércoles, 19 de mayo de 2010

sueños!

 

Si la vida te da mil razones para llorar, demuestra que tienes 120000 para reir y soñar.

Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad!

Haz que pase!

Pon todo de tu parte!

Lucha por lo que quieres y por quienes quieres!

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miércoles, 12 de mayo de 2010

La Fortaleza

Discurso de Graduación de MBA full time del PAD
Dr. Carlos Llano Cifuentes 
Fundador de IPADE
Septiembre 2001

La celebración del fin de un Programa Master es siempre una oportunidad privilegiada para indagar bien en aquello que la ha hecho posible. El centro de este acto, los protagonistas verdaderos del mismo, no deben dejarse arrastrar hoy por un entusiasmo momentáneo, sino que han de considerar las causas decisivas por las que se han hecho merecedores de ese protagonismo. Como invitado a esta celebración no me corresponde el abrogarme un papel crítico sobre la enseñanza que la Maestría les ha ofrecido. Sucedería como aquel hombre que llegó a una fiesta y se sentó en el lugar de honor para finalmente ser enviado hasta el último. Prefiero sentarme en el último rincón de esta celebración para hablar de una de las virtudes que han de poner en sus esfuerzos futuros y que les habrá de redituar en su propio beneficio y de las personas que les rodean: la fortaleza de espíritu.

Nuestra mentalidad latina nos lleva a veces a subrayar sobre todo la inteligencia de quienes han logrado el término de unos estudios que, al menos en el IPADE en México, al igual que en Piura, suelen calificarse de difíciles: tendemos a exaltar la brillantez de cabeza, la intuición, la innovación, la creatividad y el ingenio. No hay duda de que todas estas cualidades han concurrido para que podamos reunirnos aquí. Pero quisiera que no exageráramos nuestra admiración hacia las cosas brillantes y que aprovechásemos la ocasión para apreciar otro valor que, careciendo de brillo, es un ingrediente básico que ha influido en la posibilidad de este momento: quienes hoy contarán con su título de término de maestría no lo reciben por ser inteligentes -aunque lo sean- ni por su creatividad y talento, aunque no carezcan en modo alguno de ellos, sino por otra característica más valiosa que las rodea: la fortaleza.

Hoy deseo, pues, referirme a la fortaleza en esta “lección”, llamémosla así, aunque sea la última ya para ventura de ustedes; no a la fortaleza en los negocios que emprendan, sino en el negocio que ya hace tiempo tienen ustedes en marcha, el más importante: el de la propia vida. En México, en el IPADE no pretendemos que nuestros alumnos hagan mejores negocios: pretendemos que se hagan mejores los que hacen negocios.
Balmes decía -con razón- que toda auténtica personalidad debe tener la cabeza de hielo, el corazón de fuego y los brazos de hierro.

Primero, una cabeza de hielo, guiada por ideas claras, transparentes, frías como todo raciocinio limpio, depurado de la amalgama emocional.
Segundo, un corazón de fuego, sentimientos y amores ardientes que recogen y canalizan toda la inmensa riqueza afectiva de nuestro ser, que impregnan al frío raciocinio de calor humano y de entusiasmo vibrante, capaz de despertar todas las energías del alma.
En tercer lugar, unos brazos de hierro, que llevan a la práctica esas ideas lúcidas, inflamadas en el horno del corazón; la potencialidad motora que impulsa la realización de las concepciones teóricas elaboradas por la mente.

Este tripié, cuando está armónicamente equilibrado, forma el eje de una personalidad fuerte, el eje de la fortaleza.

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La fortaleza nace en la mente y vive a partir de un centro medular de ideas y convicciones inalterables, que generan una poderosa motivación capaz de superar todos los obstáculos. Nunca existirá capacidad para atacar y para resistir -actos fundamentales de la fortaleza- si no hay convicciones fuertes. Un hombre sin un núcleo esencial de principios es siempre pusilánime, medroso, débil. La fortaleza se mide, pues, en primer lugar por la consistencia de las ideas.

Un hombre fuerte comprende aquello que afirma Ortega y Gasset: "No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria ya está absolutamente determinada. Es falso decir que, en la vida, quienes deciden son las circunstancias. Al contrario: las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter". Las personas sin carácter -los hombres de barro- no deciden; viven en la voz pasiva de los verbos, son manipuladas, determinadas, plasmadas, por las circunstancias.

De modo diferente se comportan los hombres que se asemejan a las rocas: son siempre los mismos, son siempre ellos, idénticos, sean cuales fueren las coordenadas en que se encuentren. Las circunstancias no los desfiguran. Son ellos, por el contrario quienes configuran las circunstancias. Nada más antipático, sin duda, que una falsa fortaleza, manifestada en una actitud mental intolerante, inflexible, arrogante o dura. Pero también nada más lamentable que un hombre hecho de nata, con el cerebro flojo de una criatura sin contornos, como una amiba, siempre dependiente del medio en que vive.

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Tenemos, pues, que acostumbrarnos a delimitar las ideas, a tornarlas fuertes. Es el primer aspecto -la fuente originaria- de lo que se llama carácter. Por esto, señores, es necesario referirse a la fortaleza del corazón. Con la cabeza no se siente. Con el corazón no se piensa. Pero hay gente que piensa con el corazón y siente con la cabeza. El corazón precisa de una cabeza de hielo, de un raciocinio depurado de los laberintos de la emotividad; la cabeza, a su vez, necesita imperiosamente entusiasmarse: calentarse en un corazón de fuego. La cabeza es el volante; el corazón, el acelerador. Ambos se exigen mutuamente: la primera orienta; el segundo impulsa. Muchos desastres de la vida son provocados cuando los papeles se invierten.

Un gran corazón, sin una cabeza de hielo, es flaqueza sentimental. Cuentan que el presidente de una gran empresa resolvió cierto día emplear una nueva secretaria personal, e inmediatamente se puso en movimiento la máquina burocrática de la organización. Después de complicados tests entre decenas de candidatas, fueron seleccionadas tres jovencitas. Para simplificar al máximo la elección, hicieron ante el presidente un último test primario, formulando para las tres la misma pregunta: ¿Cuánto son dos y dos? La primera respondió: cuatro; la segunda: pueden ser veintidós; la tercera: pueden ser cuatro o veintidós. El psicólogo redujo su veredicto a un diagnóstico elemental, que llevó al presidente: "La primera dio la respuesta más obvia, es un espíritu simple, actúa sin rodeos; la segunda es prudente, intuyó una trampa y dio una respuesta reservada que revela una mentalidad viva; la tercera mostró flexibilidad, capacidad diplomática, tal vez cautelosa. ¿Cuál de las tres escoge usted?" El presidente respondió sin dudar: "la señorita de los ojos azules".

Hay muchas personas como este presidente. Piensan con el corazón y resuelven con las glándulas o con las hormonas. Les gusta preguntar y oír consejos, gastan tiempo en estudios teóricos, y después, en la práctica, deciden de acuerdo con la ley del gusto, del sentimentalismo o de las emociones. Sin embargo, pensar no basta, porque la idea aclara, pero no impulsa si no se une a la profundidad afectiva del corazón. Aquél que quiere ser un gran médico, pero no ama la salud de los enfermos, la solución de las angustias que padecen, nunca llegará a ser un médico grande. Podrá ser un científico, pero no un médico. No obstante, la verdad que está en la cabeza, si es fuerte, tiene capacidad expansiva: invade el corazón y en el corazón se calienta. Las verdades fundamentales se vuelven ideas de la vida cuando se entrañan cordialmente, pues el corazón es el motor de la vitalidad.

Hace muchos años, recuerdo la sorpresa que me causó, con oportunidad de las olimpiadas de Roma en 1960, ver en la televisión el impresionante arranque de Vilma Rudolf, una joven negra norteamericana. Tenía entonces apenas veinte años y corrió los 100 metros en once segundos, pulverizando el récord mundial femenino. Esto es historia sabida –quizá no para muchos jóvenes- y no debiera admirar a nadie. Pero lo que me sorprendió en su carrera -y ello es poco conocido- fue saber que Vilma había padecido antes una seria enfermedad y había quedado paralítica. Aquella niña que durante dos años tuvo que usar una silla de ruedas y muletas durante cinco, sólo pensaba y quería una cosa: ser como las otras niñas. Y se esforzó tanto, en durísimas sesiones de recuperación, que consiguió no sólo correr como las otras, sino convertirse en Roma en la quinta mujer en la historia que llegaba a ganar los 100 y los 200 metros consecutivamente. Eso le exigió centenas de pequeñas luchas que, progresiva y escalonadamente, fueron concluyendo la maravilla de un milagro humano. El avance de un milímetro le daba la posibilidad de avanzar otros dos, hasta que por ese plano inclinado llegó a la cumbre. Comprendemos así como un querer fuerte y apasionado consigue realmente poder.

También padecer con serenidad es una señal de firmeza de carácter. La paciencia es la fuerza de voluntad consolidada día a día en el vivir cotidiano discreto y silencioso, en el cumplir heroicamente la hora de sesenta minutos y el minuto de sesenta segundos. "En la paciencia -afirmaba mi maestro Garrigou-Lagrange, seguramente pensando en alguna madre de familia- se encierra algo del acto fundamental de la virtud de la fortaleza: soportar las cosas penosas sin desfallecer." Tal vez soñamos con la posibilidad de realizar algún día grandes proezas y actos heroicos y, por el contrario, somos incapaces de soportar con paciencia los mil pequeños incidentes de la vida cotidiana: las frustraciones, las respuestas sin tacto, los imprevistos, y especialmente el paso repetitivo y monótono de la rutina cotidiana.

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Cabeza de hielo, corazón de fuego, pero además, brazos de hierro. Los brazos representan la acción motora. El pensar y el querer se perfeccionan en la acción, en la práctica. La ejecución es la verdadera prueba que mide la fuerza de las ideas y de los sentimientos. La práctica eficaz es la que supera la gran distancia que existe entre el proyecto y su realización, entre la cabeza y el brazo. La efectiva concretización de los proyectos exige que se superen serios obstáculos subjetivos -como la apatía, la pereza y el miedo- y los grandes obstáculos objetivos como las contradicciones, la falta de medios, los peligros y la oposición ajena.

La personalidad fuerte es siempre eficiente. No vive de sueños intelectuales, ni de sentimentalismos melindrosos. Sabe llevar al campo de las realizaciones prácticas, con brazos de hierro, sus ideas. Siempre dispuesto a obrar aquí y ahora. Viviendo el inexorable realismo de cada día, sabe plasmar en la vida cotidiana, prosaica, pesada, monótona, el ideal de su juventud. Por ello, la verdadera fortaleza la han manifestado las familias, los padres y las esposas de esta generación de la maestría. Ellas han tejido también día a día la posibilidad de hoy. Si las tradiciones académicas lo permitieran, su nombre estaría escrito en el título que hoy entregarán las autoridades de la Universidad, con la misma fuerza con la que ya lo está seguramente en el espíritu de los que lo reciben.

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Proyectar ideas, formular propósitos motivantes y no realizarlos no es menos que envilecer lo que en nosotros subsiste de más noble: la sinceridad de vida, la coherencia. Nada deforma tanto la conciencia como hacer propósitos y, por debilidad, no cumplirlos. No podemos, sin embargo, señores, dejar de referirnos a las contrariedades, especialmente en nuestros países de origen, porque la fortaleza no se da con el vacío. Todo hombre maduro sabe que las contrariedades son algo habitual en la vida; las dificultades, un patrimonio común. Es ahí precisamente donde se encuentra -y lo experimentarán posteriormente- la verdadera prueba de nuestra fortaleza. Lo que para los débiles es una barrera intraspasable, para los fuertes representa un desafío, un estímulo que les crea garra y acaba por llevarlos a la grandeza del espíritu y de las obras. Como dice Víctor Frankl, "la vida sólo adquiere forma y figura con los martillazos que el destino le da, cuando el sufrimiento la pone al rojo vivo".

¿No es verdad que es entre las personas que no aprenden a sufrir donde encontramos siempre a las más inmaduras, a las más incapaces, ésas que son derrotadas irremisiblemente por cualquier pequeña escaramuza en la batalla de la vida? Son ellas, después, las que más sufren. Es necesario aprender a enfrentar las dificultades, a familiarizarse poco a poco con lo que cuesta, a no detenerse frente a cualquier obstáculo... También, señores, es necesario marcar metas. Delimitar los puntos de lucha no significa minimizar los objetivos. Todas las metas deben ser escalonadas progresivamente hasta la cumbre. La cumbre hace al alpinista. Dimensiona su categoría. No fue Hilary quien subió el Everest, fue el Everest el que hizo a Hilary.

Siempre que seamos impulsados por algo mayor que nosotros mismos, experimentaremos la feliz sensación de librarnos del ser mezquino que somos, para volar hasta las alturas del ser grandioso al que aspiramos. El título de Master que recibirán hoy, equivale a la fotografía de un alpinista que ha puesto su pico por primera vez en Los Andes inéditos.

Quienes hoy reciben, pues, su título de Master no lo hagan como quien se apropia de una constancia de genialidad, de superioridad, de inteligencia brillante. Se trata, en cambio, de un certificado de su fortaleza; una señal de que han sabido vencer la debilidad y las adversidades, y un recordatorio de que han adquirido la responsabilidad de no permitir que se atrofien esas cualidades, como los músculos, por falta de ejercicio. Este título expresa no la garantía, pero sí el compromiso, para cumplir aquello que dice el antiguo refrán castellano, "más vale morir de pie que vivir en cuclillas".

Muchas gracias.

CARLOS LLANO CIFUENTES

Tomada de una nota del facebook Manolo Alcázar